Delirios de un Telemarketer.
Me siento como un jugador de fútbol.
Tengo la revisación médica y la oportunidad de concretar el pase.
Soy uno de los tres mejores en mi puesto.
Un desastre dibujando, efectivo para repetir como un loro.
Transmito seguridad con mi voz.
Padezco escoliosis.
Tendré que trocar el orín.
Oído y voz en perfecto estado.
Espero tener que dejar de lidiar con la cooperativa.
Encontrar mi posición en la cancha.
Y ya.
Es una empresa con más de 30 años en el mercado.
Tiene un speech agresivo.
El producto dicen que se vende bien.
Tarifas planas las 24 horas.
Formamos una cooperativa.
La firma no es nacional.
Contrata al call center para las ventas.
Empatía con el cliente nos solicitaron.
No hay aire acondicionado.
Pagan una mierda.
Me obligaron a firmar la renuncia antes de empezar.
¿Esto es un trabajo decente?
Niños y drogas. Problemas familiares.
Posibles suicidios.
Encuentros prematuros con la muerte.
De 78, 18.
Primeros en el consumo de cocaína en la secundaria.
Microinfartos irreparables en el cerebro.
Necesitan delinquir.
Todo en un rincón.
Amontonado en el ángulo de las dos paredes, mientras el resto del living permanece vacío.
La música en su mínimo volumen, rompe el silencio de la noche.
A dos cuartos de la pareja apareando.
Metiendo en problemas a mi chica.
Giro la cabeza y no lo creo. La vereda está ahí.
Hay helado en la nevera.
5 metros hacia la puerta que da a la calle.
Ya no es salir y sentir el sudor de la meca en el balcón.
Paralizado en el paraíso.
Experimento la sensación de salir y mirar el frente.
Señores: es una casa!!!!!!!!
Garuga.
Inventando oficios para cada aviso.
Un alfeñique de pelo largo que se resiste.
¿Puede un papel de diario evacuar mis necesidades laborales?
Esto de no tener aportes jubilatorios me está matando.
Al patrón atorrante y dictador.
Te quedaste sin palabras.
No tenías explicación para la ocasión.
Ayer te aferraste a la imagen que otorgaba mi presencia.
Hoy me despachaste sin excusa alguna.
¿Necesitas perfumito francés para atender el teléfono?
Viejo tarado, dos mañanas madrugadas en vano.
Si me hacías cortar el pelo te cagaba a palo.
De camisa y pantalón de vestir para trabajar con químicos.
Como pedirle corbata al albañil.
Cofia al peluquero.
Guantes al artesano.
Fue discriminación…
Goodbye Pinochet, hasta nunca.
Chicas Dazzani, parada nariz.
De pelos rubios, usan calza gris.
No opinan de nada, solo hablan pavadas.
Con un busito se tapan las nalgas.
Su sueño un muchacho con plata y coche.
Caballos de polo, perfume, bigotes.
Pidiendo disculpas, culito caro.
Bailando cuando todo está arreglado.
¿Cuánto vale el sueño del misionero soñador?
Desperté sin saber por qué.
Solo recordé que no había nada de comer.
Lamí el teclado, el acolchado y no eran de mi agrado.
Me di cuenta que tanto celular era en vano.
Puedo darme el lujo de vender esta porquería en la galería norte por 20 pesos.
Comprar panchos, manzanas, apios.
O entregarlo a mi dealer como forma de pago.
Todo sea para calmar esta ansiedad de engullir algo.
Te extraño.
Si pudiera hacer algo para sentir tus calles hoy.
Con huéspedes en mi cabeza, que no dejan de actuar.
Nos hablamos sin decirnos nada.
Ojalá pueda despertar el lunes por la mañana,con la marcha a la bandera emanando de tu boca.
Volver a la normalidad.
Necesito salir de este páramo.
Días de pueblo.
Largos, pesados, sin significado, solo pasan sin darse cuenta uno.
Y aquí me encuentro, renegando por computadora.
Lejos de quien amo.Calma ya va a llegar el domingo.