25 de septiembre de 2007


Cuando veo a un niño en el colectivo le zaco la lengua.
Pienzo que ezperar los bondiz ez jugar a la lotería.
Uno parado ahí, zobre todo en invierno, y que loz nota dezde lejoz porque tiene buena vizta, y no llega el que tiene que abordar, zalen los otroz.
Tranzverzal frecuencia de 15 minutoz.
Despuéz de la 01:00, cada una hora.
Hay algunoz que pazan toda la noche.
Puede ocurrir que el chofer no deje que le paguez el viaje y te quiera bajar.
Puede que te baje.
Que te deje. Que no frene en la parada.
Refunfuñe mal humorado y con cara de orto.
Ziempre los zaludo.
Trato de inztalarme en el fondo.
La gente zuele amucharze adelante.
Voy y vuelvo.
Naranja mi nube en el cielo para ver a Laura.
Venzo laz diztanciaz con cada color.
Con cada ruidoza pieza motora.
Que me roba momentoz en mi camino y me come el bolzillo.


Mi Moncho flaco, comiendo guano.
Abandonado.
Ni las moscas te rodean.
Huérfano.
¿Dónde quedó tu gaucho?
Fiel a la esquina del pueblo, ¿quién va a echarte mano?
Lánguido, cansado, jadeante.
No servís ni pa´ fiambre.
Y de verte, me veo.
Desconfiado.
Me sacaste la cabeza cuando te tiré la mano.
Si te tienen cagado de hambre.
De mirarte me ablando.
Y me marcho.
Pobre equino.


¿QUÉ MIRAS TRANSFORMER?

22 de septiembre de 2007


Estas muerto teatro.
Te despido esta noche de incansables lágrimas,
de risotadas largas, de silencios cómplices…
Estas muerto teatro.
Unos pocos privilegiados sentimos tu agonía.
Frío deceso.
Desmedida suciedad para tu última velada.
Tus butacas ya no lloran, con la presión de mullidos traseros.
Condenado por gobiernos de ineptos, por gente sin sueños.
Estas muerto teatro.
Solo faltaba que te pasara algo, para una muerte con excusa.
Pero como siempre nada pasó…
Estas muerto, bien muerto teatro.
Yo lo proclamo.
Ayer sentí como clamabas cuando se suspendía la última función.
Y estas muerto para resurgir de ese letargo eterno, que te impuso una gestión municipal.


27 de agosto de 2007


Se que existes, se que estas ahí.
En tu cama sin poder dormir.
Quizás anoche mascaste de más.
Estuviste de pasta y no te levantas.
Quisiera decirte, “tranquilo papá”
En un sanatorio te van a internar.
Dejaste de ser gracia, perdiste tu brillo.
Te la vas a pasar comiendo membrillo.
Prefiero el dulce y no las pastillas.
No creo que esa sea la solución.
Caminas de puntitas, rebotas por las paredes.
Te comes los dedos; ansioso, intranquilo.
Hermano querido, paciencia te pido.
No quiero que tengas nariz de platino.
Pedite un rescate, no lo escondas más.
Tu farsa de adicto ya no engaña, sino avasalla
a un cuerpo delgado, capaz de palmar.

11 de agosto de 2007

10 de agosto de 2007


Una vez soñé con árboles de papel.
Que nadie escribía cartas, todo por Internet.
Pero cuando desperté, no había máquinas, ni redes, solo un cartel.
A alguien le dio vergüenza, fue y lo sacó.
¿Dónde quedó la tecnología y la plata que se invirtió?
Como algunos dicen “Sabrá Dios”.
Otro hito en la historia de nuestro pueblo, que de cibernético no tiene nada.
Solo verseros, parlanchines y gente que habla pavadas.
Señores se vienen las elecciones.
Que no nos vendan espejitos de colores.
O tendremos que seguir juntando envoltorios de golosinas.





Una cara sobre otra en la vía pública.
Con bigote, sin barba, con canciones pegadizas, con listas no democráticas, sin propuestas para el pueblo.
Los mismos que queríamos se fueran en el “que se vayan todos”.
Cuantos partidos de izquierda que no van a sacar un porcentaje digno de una banca para legislador.
Campanas que suenan la ritmo de la conveniencia. Eternos candidatos.
¿Cuando serán los verdaderos representantes del pueblo los que gobiernen?
Asco me dan.
Asco y vergüenza.
Desde el oficialismo hasta el pirincho de la Riutor.
Del lengua de trapo al facho que ofrece mano firme.
Descarados.

23 de julio de 2007


La anestesia puebleril desembocó en un frió atroz que la naturaleza se encargo de solidificar.
Ya nadie quiere salir de sus casas.
Mucho menos compartir sensaciones, miedos, logros y frustraciones.
Este puñado de personas, esparcidas por este suelo pampeano sin motivaciones, sin estímulos, ve cagar copos de nieve y salta de alegría.
Cuando el astro rey desvanece esa ilusión, autómatas vuelven a empacharse de idiotez, de una modorra constante que los devuelve a ese letargo eterno, infinito, sobre sus vidas.